La luz de la mañana se filtraba a través de las cortinas mientras Lucian ajustaba sus gemelos, preparándose para ir al trabajo. Un suave golpe sonó en la puerta antes de que se abriera, y Margaret entró.
Él se giró y, por una vez, su expresión se suavizó un poco. Margaret había estado en su vida desde que podía recordar. Era la única mujer en la que confiaba, aunque fuera un poco.
-Lucian -lo llamó con suavidad.
-Necesitaremos ayuda extra -continuó-. Ya no soy tan joven como antes, y manejar la