Bella se giró y vio a una mujer mayor, con gafas apoyadas en la punta de la nariz y una mirada aguda y crítica.
-Sí, soy yo -respondió Bella con cautela.
La mujer la examinó de arriba abajo.
-Ah, ya veo por qué estudias desarrollo infantil y economía doméstica... con esas caderas tuyas, supongo que alguien tiene que enseñarte a empujar bebés en un cochecito. Tu marido estaría orgulloso.
Los ojos de Bella se entrecerraron, la ira creciendo en su interior.
-¿Perdón? Usted es mujer... ¿cómo puede