DIÁVOLO II. CAPÍTULO 46. Alguien más
DIÁVOLO II. CAPÍTULO 46. Alguien másAdriano abrió los ojos lentamente, sus párpados pesaban como plomo, y la luz suave que entraba por las cortinas entreabiertas le resultó insoportablemente brillante. Una sensación de calor en su costado le recordaba el lugar donde había recibido el disparo; aunque ahora era más un dolor seco y controlado que un ardor insoportable.Su mente se sentía pesada, como si los ecos de una pesadilla reciente no hubieran terminado de desvanecerse, pero al girar ligeramente la cabeza, la vio: la pesadilla seguía allí, dispuesta a perseguirlo por el resto de su vida.Eyra estaba sentada a su lado, medio inclinada hacia él, como en un estado de alerta involuntario, sosteniendo su mano. Tenía el rostro cansado y las ojeras le dibujaban sombras bajo los ojos, pero cuando notó que él estaba despierto, una sonrisa inmediata iluminó su expresión.—Adriano… —susurró, acercándose para besarle la frente y luego los labios con ternura—. Estás despierto. Gracias a Dios.
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