Capítulo 40:*ALESSIA* La luz se apagó despacio, no como una llama que se apaga, sino como algo consciente decidiendo retirarse, y cuando se fue la habitación se sintió más vacía que antes, como si el aire mismo hubiera sido vaciado y dejara tras de sí una presión que oprimía mis tímpanos y la base del cráneo. El frío que se me había instalado en los huesos no se fue con ella; se quedó ahí, profundo, quieto y paciente, y cuando flexioné la mano vi que la marca ya no estaba quieta: las líneas del símbolo se habían desplazado, tenues e inquietas, como algo vivo moviéndose justo bajo la piel. Nadie habló durante mucho tiempo, porque hablar lo habría hecho real, y en ese silencio podía oír la respiración agitada de los trillizos y el pulso de Blackwell en la garganta, donde su control se deshilachaba por los bordes. El diario sobre la mesa había cambiado; la tinta de la página donde se había dibujado el círculo ya no estaba seca ni estática, sino que brillaba levemente, las letras reaco
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