*Capítulo 35:
ALESSIA
La luz del símbolo se desvaneció lentamente, como brasas muriendo en ceniza húmeda, y cuando se fue el claro se sintió más frío que antes, como si el aire mismo hubiera estado conteniendo la respiración y finalmente la soltara en un estremecimiento. Los lobos se habían ido, la cosa sin rostro se había ido, y lo único que quedaba era el dolor en mi muñeca y el tenue contorno del símbolo quemado en la tierra donde mi sangre había tocado el suelo. Las piernas me temblaban,