El oficial no esperó a que Aria se ajustara. Simplemente comenzó a empujar su polla dentro de su coño, duro y rápido, una penetración brutal que le robó el aliento de los pulmones.El coche se mecía con cada embestida castigadora, un chirrido áspero de acero resonando a su alrededor. Sus manos enguantadas se clavaron en las caderas desnudas de ella, el cuero mordiendo su piel, manteniéndola inmovilizada.Los jadeos de Aria estallaban con cada golpe de su polla en su coño. —¡Sí—joder—justo ahí! —gritó, con la voz cruda y desesperada, resonando en la vasta y vacía noche.El oficial se inclinó sobre ella, su pecho ancho presionando contra su espalda, su aliento caliente y agitado rozando su oído. —¿Querías esto, no? —gruñó, con voz áspera y desenfrenada—. Querías que te follara, como la pequeña puta desesperada que eres, ¿verdad?—¡Sí! ¡Ummhh! —gimió Aria, empujando hacia atrás contra él, recibiendo sus embestidas—. ¡Fóllame más duro! No pares. Por favor.Una de las manos del oficial dej
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