Narra Valeria Aceptar ser la mujer de Adrián es, sin lugar a dudas, la estupidez más grande que he cometido en toda mi existencia, una decisión tomada desde la desesperación más absoluta y la necesidad de supervivencia, pero mientras siento el peso del anillo en mi dedo, comprendo que este es el único camino para tenerlo exactamente donde lo quiero: a mis pies, cegado por una falsa victoria hasta que Richard encuentre la brecha definitiva para sacarme de este infierno. Camino por el gran salón de la mano de Adrián, sintiendo cómo sus dedos aprietan los míos con una posesión que me revuelve el estómago, mientras él se detiene frente a toda la servidumbre, que se ha alineado como si esperaran la inspección de un genera. –Escuchen con atención, porque no voy a repetirlo y las consecuencias de ignorar mis palabras serán inmediatas; de hoy en adelante la señorita Valeria Pritzat ya no será una secretaria como cualquier otra, ella ahora es mi prometida y pronto será mi esposa, por lo q
Leer más