Raihan se quedó estático frente al cadáver, sin poder apartar la mirada de aquella figura ennegrecida que yacía sobre el suelo de la bodega. El horror se había apoderado de cada rasgo de su rostro, borrando cualquier expresión que no fuera aquella conmoción absoluta que le paralizaba el cuerpo.Su mente se negaba a aceptar lo que tenía delante. Le resultaba imposible reconciliar la imagen de aquel cuerpo deformado, consumido por el fuego y cubierto de hollín, con la mujer que había llegado a convertirse en el centro de su existencia. De pronto, Raihan se transformó. Los huesos crujieron, los músculos se expandieron y, en cuestión de segundos, el enorme lobo blanco emergió. Con pasos lentos, inseguros y completamente distintos a la seguridad dominante que normalmente lo caracterizaba, el enorme lobo comenzó a acercarse al cadáver. Parecía un animal perdido, uno que se negaba a aceptar una tragedia. Bajó la cabeza y aproximó el hocico.Su nariz descendió hasta el pecho del cuerpo, des
Leer más