C88: ME ATACÓ.
En ese momento, las orejas del lobo se alzaron. Después de un minuto, levantó la cabeza.
Asya. Lo había olvidado.
En medio del dolor, del horror y de la desesperación, había olvidado por completo que existía una testigo.
Y con ese recuerdo también regresó algo más. Una esperanza. Pequeña, frágil, ridícula incluso. Pero esperanza al fin.
Quizá Asya pudiera decirle que todo era un error, quizá existiera una explicación que todavía desconocía. Quizá aquel cuerpo no fuera realmente el de Asiget.
Aq