Asiget frunció el ceño. No le gustó para nada su tono.—En realidad me expresé mal. No es que no pueda hablar con usted, es que no quiero hacerlo. Así que, por favor, déjeme ir.Aidan soltó su brazo pero solo para tomarla de los hombros, acercándola hacia él hasta dejar unos centímetros entre sus rostros.—¿Cómo pudiste hacer algo así, Asiget? —le reclamó—. ¿Cómo pudiste rebajarte tanto como para convertirte en la amante de ese hombre? ¿Acaso olvidaste quién eras? Tú fuiste una Luna, ocupaste un lugar importante y respetado a mi lado, y ahora terminaste reducida a ser solamente el entretenimiento de otro Alfa. ¿Qué te está pasando? ¿Acaso él te está amenazando?—¿Qué…? —pronunció Asiget, aturdida—. ¿Por qué me está diciendo todo eso? Suélteme, por favor.—Me niego a creer que te entregaras a él por voluntad propia, no después de haberme dicho que me amabas. ¿Lo recuerdas? Lo hiciste justo antes de venir aquí, además de confesarme que estabas embarazada. Así que dime, ¿qué pasó con nue
Leer más