Durante los días siguientes, Somalia decidió mantenerse alejada de Aidan. Comprendió que insistir o presionarlo solo conseguiría alejarlo todavía más, así que optó por darle el tiempo que, según ella, parecía necesitar.No volvió a buscarlo ni intentó reanudar aquella conversación, aunque la ansiedad la consumía. Cada mañana despertaba con la esperanza de que todo hubiera sido un mal momento y de que Aidan regresara a buscarla para decirle que había recapacitado, pero los días transcurrían uno tras otro sin que eso sucediera.Sin embargo, algo comenzó a llamar su atención. En más de una ocasión descubrió a Aidan caminando por los corredores del palacio llevando una bandeja con comida entre las manos.Al principio no le concedió importancia al detalle, pensando que quizá simplemente se dirigía a su despacho para trabajar mientras almorzaba, pero luego recordó que Aidan nunca realizaba tareas propias de la servidumbre.Si necesitaba cualquier cosa, bastaba con dar una orden para que alg
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