—Así es —respondió Cristóbal—. También nos advirtió que, si en algún momento te sentías incómoda o demasiado cansada, debíamos detenernos para dejarte descansar. Asiget se quedó en silencio, observándolo con incredulidad. Luego asintió con la cabeza.—E-está bien…Se quedó pensativa mientras Celia sostenía su brazo y Cristóbal comenzaba el procedimiento para extraer la sangre. No podía dejar de darle vueltas a todo aquello.Tal vez para otros, aquellos cambios parecían pequeños, pero para Asiget significaban mucho.Durante mucho tiempo creyó que a Raihan no le importaba nada relacionado con ella. Esa era la imagen que Asiget había construido de él: un Alfa egoísta, cruel y arrogante, alguien incapaz de preocuparse por el sufrimiento ajeno.Y ahora, de pronto, había cambiado.Raihan vigilaba su alimentación, no permitía que las sirvientas se le acercaran, dormía abrazándola cada noche, le había conseguido un bastón adecuado para caminar y, además, había ordenado que dejaran de tortura
Leer más