D'Artagnan se dispuso a cumplir la orden de su Alfa. Sin embargo, organizar la exhumación no era algo que pudiera hacerse en cuestión de minutos.Primero debía transmitir la orden a las personas encargadas del cementerio; después tendrían que desenterrar el ataúd, que ya descansaba varios metros bajo tierra, trasladarlo cuidadosamente hasta el hospital y preparar la morgue para abrirlo allí.Además, Cristóbal también debía ser notificado, ya que Raihan había solicitado expresamente su presencia.Todo el procedimiento exigía tiempo, coordinación y una enorme prudencia, sobre todo por el estado en que probablemente se encontraba el cuerpo.Después de varios días bajo tierra, sumado a las graves quemaduras que había sufrido el cadáver, era evidente que la descomposición ya habría avanzado considerablemente. Nadie esperaba una escena fácil de presenciar.Mientras tanto, Raihan no podía estar tranquilo. Permaneció en el vestíbulo del castillo, caminando de un extremo al otro.Cada cierto t
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