Aidan apretó la mandíbula tras escucharla.
—Ten cuidado con lo que deseas, Asiget —declaró—. Hay palabras que no deberían pronunciarse con tanta ligereza. Si llamas a la muerte con tanta desesperación, algún día puede terminar respondiendo a tu llamado. Yo no quiero que eso suceda. No pienso volver a hacerte daño, esa no es mi intención. Pero si eres tú quien insiste en buscar su propio final, llegará un momento en que ni siquiera yo podré impedir que ese destino te alcance.
Comprendiendo que a