Los ojos de Raihan recorrieron la Cámara de los Ancestros. Las sombras proyectadas por las lámparas, las botellas vacías sobre la mesa y el desorden que él mismo había dejado durante los últimos días terminaron de devolverlo a la realidad.
Sin embargo, la voz que acababa de escuchar no había sonado como un simple sueño ni como una ilusión nacida del alcohol. Había sido demasiado clara, demasiado cercana.
Le había parecido que Asiget estaba a unos pasos de él, pronunciando aquellas palabras con