Cuando D'Artagnan abandonó la morgue para dirigirse al castillo, solo quedaron Raihan y Cristóbal frente al cuerpo que, minutos atrás, había cambiado por completo el rumbo de aquella historia.Cristóbal dejó escapar un largo suspiro antes de llevar la vista hacia el Alfa.—Todavía me cuesta asimilar todo esto. Honestamente, Alfa, yo sí pensaba que Asiget había partido de este mundo y fue difícil también para Celia. Los dos llegamos a encariñarnos mucho con ella. Asiget era muy diferente a Somalia, siempre fue amable con nosotros, cercana, respetuosa, por lo que poco a poco terminamos apreciándola de verdad.En ese momento, bajó de nuevo la mirada hacia el cadáver.—Cuando preparamos el cuerpo para darle sepultura, lo hicimos creyendo que era ella. Fue un momento muy doloroso para ambos, pensábamos que le estábamos dando el último adiós. Y ahora resulta que la mujer que enterramos ni siquiera era Asiget...—Así es —declaró Raihan—. Este cuerpo pertenece a otra mujer, y quien haya sido
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