Mundo de ficçãoIniciar sessãoEl rugido del motor del auto cesó de golpe cuando Alexander clavó los frenos sobre la grava de la entrada lateral de la marina privada en Islamorada.
La noche había caído por completo sobre los Cayos, trayendo consigo una marea alta y un viento espeso que sacudía las copas de las palmeras.
Chase bajó primero, con el arma corta empuñada y pegada al cuerpo, moviéndose con la rapidez de quien sabe que cada segundo se mide en v







