«¡Ya no puedo contenerme más, Luciana!», la voz de Julius sonó grave, cargada de una furia que intentaba reprimir con todas sus fuerzas. Sus ojos estaban enrojecidos, la mandíbula tensa, y sus manos se cerraban con tal fuerza que parecía que en cualquier momento descargaría todo sobre lo que tuviera delante.Luciana simplemente lo miró con calma, una leve sonrisa dibujándose en sus labios. «Estoy bien, Julius». Su voz era suave, casi tranquilizadora, a pesar de la herida bastante larga que le cruzaba la frente por el golpe. Sin embargo, más allá de eso, su estado se mantenía estable, no había nada preocupante, ni siquiera su embarazo. De hecho, cuando recobró el conocimiento, lo único que le preocupó fue el estado de su bebé. Y solo cuando el médico confirmó que todo estaba bien, pudo respirar de verdad.Julius arrastr&oac
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