«¿Qué está pasando en realidad…?», murmuró Marcella casi sin voz, con la mirada vacía pero agitada por dentro. El pecho le oprimía con algo que no lograba nombrar, una mezcla de sorpresa, ira y una sensación de derrota que había llegado demasiado de repente. Permaneció inmóvil en medio del brillo de la fiesta, mientras frente a ella, Luciana y Raline caminaban una al lado de la otra, como si el mundo las hubiera colocado en el mismo lado desde el principio. Aquella escena fue como una bofetada sutil, y precisamente por eso, mucho más dolorosa. Marcella nunca, ni siquiera en sus hipótesis más extremas, imaginó que Luciana tuviera una cercanía así con Raline, una mujer conocida por ser tan selectiva, casi inaccesible, al elegir quién merecía formar parte de su círculo.«¿Qué está pasando, Marcella?&raq
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