SU PUNTO DE VISTAEn todas partes, The Velvet Room latía con vida. En una plataforma elevada, una pareja se movía como si fueran una extensión de la música misma, caderas girando, manos aferrándose, dientes rozando hombros cubiertos de sudor. Detrás de ellos, otra pareja descansaba sobre cojines, sus labios unidos en un beso que era mitad lucha, mitad rendición, sus cuerpos enredados en un nudo interminable.Las luces cambiaban, violeta, carmesí, dorado, y cada color me golpeaba de una manera distinta. El violeta hacía cosquillear mi piel, el carmesí palpitaba bajo en mi vientre, y el dorado parecía encender cada gota de sudor en la habitación. Parpadeé con fuerza, pero los colores se derramaban sobre todo hasta que incluso Amila brillaba en tonos que no podía nombrar.Me arrastró más allá de las cortinas, más profundo, cada paso era una rendición. Cuanto más avanzábamos, más se desvanecía el mundo exterior. No había relojes, no había ventanas, no había nombres, solo calor, sonido y l
Leer más