SU PUNTO DE VISTA
Viernes
Todo el día se sintió como si algo vibrara bajo mi piel. Desde el momento en que entré a la oficina, Amila ya estaba encendiéndolo todo. No se detenía. Se inclinaba sobre su escritorio con una sonrisa maliciosa, susurrando cosas que hacían que apretara los muslos debajo de la mesa.
“Para esta noche, cariño, ni siquiera recordarás el nombre de tu ex”, bromeó. “Estarás demasiado ocupada gritando el de otro.”
Cada hora, cada pausa para el café, cada guiño suyo solo apreta