Justo cuando estaba a punto de atravesar nuevamente las puertas de cristal de la gala, la voz de Victoria sonó detrás.—Valeria... qué sorpresa. No sabía que estabas aquí.Su voz tenía algo que siempre conseguía incomodarme. Tal vez era aquella seguridad excesiva con la que se movía por cualquier lugar, como si todo le perteneciera por derecho natural.O quizá era la facilidad con la que se acercaba a Adrián incluso sabiendo que era un hombre casado. Aunque desconociera que nuestro matrimonio había comenzado como un acuerdo, eso no cambiaba lo evidente.Ante el resto del mundo seguíamos siendo marido y mujer, y aun así ella parecía disfrutar empujando límites que cualquier otra persona habría respetado.Respiré lentamente antes de volverme.Victoria sostenía una copa de champagne mientras me observaba con una sonrisa impecable. El vestido plateado brillaba bajo las luces del exterior y, por un instante, comprendí por qué tantas personas quedaban cautivadas por ella.—Yo, en cambio, ya
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