La mañana siguiente, Mariana se levantó muy temprano. Las ojeras marcadas bajo sus ojos dejaban claro que no había pegado el ojo en toda la noche. Su mente no dejaba de regresar a lo ocurrido con Marcos… la discusión, sus palabras, y aquella forma fría, casi despiadada, con la que la había enfrentado.El miedo empezó a crecerle en el pecho, lento pero constante.Si George ya sabía la verdad, lo más probable era que intentara quitarle a su hijo. Y peor aún… Marcos podía denunciarla por haber falsificado las pruebas de paternidad. Solo de pensarlo, el estómago se le cerraba.Por eso no salió de la habitación de inmediato. Se quedó ahí, quieta, encerrada durante horas, esperando el momento en que Marcos por fin saliera de la mansión rumbo a la oficina.Cuando escuchó el motor del auto alejarse, reaccionó de inmediato.Se puso de pie de golpe y abrió el vestidor. Empezó a tomar lo primero que encontró: ropa, un par de zapatos, documentos importantes, algo de dinero en efectivo y varias co
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