Los días transcurrían con calma en la mansión Sterling. Kate, con el embarazo ya avanzado, caminaba con dificultad, apoyándose en las manos para aliviar la tensión en la espalda. De repente, al sentarse en la banca bajo el sol de la tarde, un dolor punzante la atravesó como un relámpago. Se llevó las manos al vientre, intentando contener el ardor que la recorría, pero era imposible ignorarlo.—¡Inés! —gritó, su voz cargada de urgencia—. ¡Ayuda!Inés, el ama de llaves, que estaba dando instrucciones al jardinero no muy lejos, levantó la vista al escuchar el grito y corrió hacia ella sin perder un segundo.—Señora Kate, ¿está bien? —dijo Inés, sosteniéndola con firmeza mientras el temblor del cuerpo de Kate se transmitía a sus propios brazos—.—¡Creo que ya viene! —jadeó Kate, con las manos temblorosas y la frente empapada de sudor, cada contracción dibujando muecas de dolor en su rostro. Su respiración era entrecortada; el jardín parecía girar a su alrededor.El aire olía a tierra húme
Leer más