Se inclinó sobre mí, con la boca rozándome la oreja.—Bien —susurró. Luego me besó con hambre, como si me estuviera reclamando. Como si hubiera estado muriéndose de ganas tanto tiempo como yo.Sus manos estuvieron sobre mí al instante: una enredada en mi pelo, la otra bajando por mi espalda, presionándome contra él para que pudiera sentir lo duro que ya estaba. Gemí contra su boca y él se tragó el sonido, empujándome hacia atrás hasta que mi culo chocó contra el borde de su escritorio.Rompió el beso solo lo suficiente para gruñir:—Siéntate.Me subí al escritorio, abriendo las piernas para que pudiera colocarse entre ellas. Empujó los papeles a un lado y estos se desparramaron por todas partes. Un bolígrafo rodó y cayó al suelo. A ninguno nos importó.Su boca estaba ahora en mi cuello, mordiendo, chupando, marcándome. Me arqueé contra él, mis dedos aflojándole la corbata y tirándola lejos. Luego los botones, abriendo uno, luego otro, hasta que pude deslizar las manos dentro de su cam
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