Cerró el cuaderno, lo dejó en la mesita de noche y me miró.
—Mañana por la noche —dijo con voz baja—. Prepara una bolsa para pasar la noche. Vamos a registrarnos en el penthouse de enfrente. Una noche completa. Sin límites. Cortinas abiertas. Voy a follarte hasta sacarte cada gramo de celos hasta que el único nombre que recuerdes sea el mío.
Se me apretaron los muslos sin querer.
—¿Lo prometes?
No respondió con palabras. Simplemente se colocó sobre mí, me inmovilizó las muñecas y me besó hasta