—Joder… Elias… más fuerte…Mi voz se quebró al decir su nombre mientras él volvía a embestirme con fuerza, la gruesa longitud de su polla abriéndome por completo, llenándome tanto que podía sentir cada relieve, cada pulso.El suelo del bosque estaba frío y húmedo bajo mi espalda, las agujas de pino pinchándome la piel, pero lo único que me importaba era el calor de su cuerpo encima de mí, la forma en que su enorme figura me encerraba, los músculos flexionándose bajo la piel sudorosa.Él gruñó, bajo y animal, con las caderas golpeando hacia adelante con fuerza brutal.—¿Así, pequeña? ¿Quieres que te abra en dos?—Sí… Dios, sí… por favor…Me agarró del pelo con el puño, tirando mi cabeza hacia atrás para exponer mi garganta. Sus dientes afilados rozaron el latido frenético de mi pulso, sin morder todavía, solo provocándome, prometiendo.—Estás tan jodidamente apretada —gruñó contra mi cuello, con la voz ronca por el lobo que lo dominaba fuerte esa noche—. Tomando mi polla como si hubier
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