Me quedé ahí, completamente inmóvil, observando cómo bailaban tan pegados. Mi cuerpo se estremeció sin previo aviso; una sensación helada me recorrió de pies a cabeza y terminé rígida, tiesa, incapaz de reaccionar.El enojo empezó a crecer dentro de mí con una fuerza absurda, sólo por verlos ahí, frente a mis ojos, sonriendo, disfrutando... como si nada más existiera.Mi respiración se volvió irregular, más rápida, más pesada. Apreté con fuerza mis dientes y empuñé las manos, aferrándome al final de mi vestido como si eso pudiera sostenerme.Pasaron dos minutos... o al menos eso creí. El tiempo se sentía extraño. Y yo seguía ahí, parada, sin moverme, sintiéndome peor que nunca. Con las manos aún tensas, el cuerpo congelado, y algo feo, muy feo, oprimiéndome el pecho.—¿Qué te pasa, Sara? —preguntó Lauren, acercándose con cuidado.Ella me conocía demasiado bien. Había sido mi primera amiga, mi mejor amiga durante años... y por eso, con sólo verme, supo que algo no estaba bien.Pero yo.
Leer más