El pecho de Camilla se sacudía con cada aliento entrecortado; el dolor irradiaba por todo su cuerpo. La sangre aún bajaba por sus piernas, empapando el camisón que alguna vez fue blanco. Su recién nacida arrullaba suavemente, envuelta con fuerza en una manta delgada.“Tienes que irte ahora, antes de que él regrese,” dijo Imelda, con la voz temblorosa a pesar de sus intentos por mantener la calma. Se movía con rapidez, juntando mantas sueltas para envolver aún más al bebé.“Si se entera de que me ayudaste….” susurró Camilla, con las palabras temblando en sus labios. “Te matará.”Imelda sacudió la cabeza, soltando un suspiro brusco. “Bueno, supongo que entonces mi tiempo se ha acabado,” dijo, arrastrando un pequeño bolso hacia ella. “Además… es mejor eso que seguir trabajando para ese egocéntrico, de todos modos.”Se dejó caer de rodillas junto a Camilla y metió los suministros en el bolso a la fuerza.“Ten...” dijo, sosteniendo un frasco pequeño de ibuprofeno. “Toma esto. El dolor será
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