Con un movimiento fluido y potente, retiró su dedo y se enderezó. Trasteó con su cinturón, desabrochando la cremallera con indiferencia. Bajó sus pantalones y calzoncillos lo justo, y su verga saltó libre, goteando ya por la punta.Lucian no le dio tiempo a mirar, a pensar. Sus manos fueron a sus caderas, tirando de ella hacia adelante, alejándola de la puerta, hasta que quedó encaramada en el borde mismo del asiento. La levantó, acomodándola, y luego se guio a sí mismo hacia su entrada.Ante esto, ella podía admitir rápidamente ser su reina oscura. ¿Cómo podría alguien mantenerse siendo bueno cuando está siendo follada hasta el absurdo no por cualquiera… sino por un líder guapo pero despiadado?La cabeza ancha y resbaladiza de su verga rozó contra sus pliegues empapados. Hizo una pausa, sus ojos clavados en los de ella, manteniéndola suspendida en ese momento agonizante…“Dime que lo quieres”, exigió él, con el pecho agitado. Le encantaba esto… el control, recordándose a sí mismo que
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