Liam se arrodilla a su lado en el suelo de inmediato. No intenta decirle que se calme. Ni le ofrece soluciones empresariales, ni discursos lógicos. Simplemente la rodea con sus brazos, la atrae contra su pecho y la sostiene.Absorbe su dolor en silencio, dejando que ella empape su camisa de diseñador con lágrimas, mientras le acaricia la espalda con firmeza y devoción.—Llora todo lo que necesites, mi vida —le murmura Liam al oído, besando su sien húmeda—. Estoy aquí. Y no te voy a soltar jamás.Dos horas después, las lágrimas se han secado, dejando a su paso una rabia fría, letal y perfectamente controlada.Abril está de pie frente al espejo del inmenso cuarto de baño de mármol, lavándose el rostro con agua helada. Cuando sale al dormitorio principal, Liam la espera sentado en el borde de la cama, observándola co
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