El motor del vehículo blindado de los Cavalli ronronea con suavidad mientras recorre, por segunda vez en menos de un mes, el interminable camino que conduce a la mansión de los Romano. Abril mira a través del cristal tintado, observando los inmensos jardines y las fuentes de mármol que adornan la propiedad. Lleva un vestido negro de corte impecable, sobrio y elegante, elegido meticulosamente para la ocasión.
Massimo Romano falleció hace apenas tres días. La leucemia no le dio tregua, y la negat