La lluvia cae con una violencia despiadada, como si el propio cielo estuviera reflejando la tormenta que acaba de destrozar la vida de Abril. Las frías gotas golpean el cristal de la ventana del taxi, difuminando las luces de la ciudad hasta convertirlas en manchas borrosas de neón.En el asiento trasero, Abril abraza a Mía contra su pecho con una fuerza protectora. La bebé, ajena a la destrucción de sus padres, duerme plácidamente envuelta en una manta de lana. Abril no llora, ya no le quedan lágrimas.Solo hay un vacío inmenso, oscuro y asfixiante que se ha tragado su corazón entero.No puede ir a un hotel, Liam rastrearía sus tarjetas de crédito en cuestión de segundos. No puede ir a casa de su madre, porque ese sería el primer lugar que Dante mandaría a rodear. Solo hay una persona en toda la ciudad que está fuera de la esfera de influencia de los Cavalli y de los Romano.El taxi se detiene frente a un elegante edificio. Abril paga con el efectivo que tenía en la pañalera, baja de
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