Justo en ese momento de extrema tensión silenciosa, Mía, que está relativamente tranquila, deja caer su anillo de goma al suelo y suelta un llanto agudo, frustrado y repentino. Abril intenta mecerla de inmediato, pero la bebé está cansada, arqueando la espalda y llorando con esa fuerza ensordecedora y abrumadora que solo los infantes poseen.—Shh, mi amor, ya pasó. Todo está bien, mamá está aquí —arrulla Abril, poniéndose de pie y balanceándola con ritmo, pero Mía no cede en su rabieta.Liam se levanta de la silla de golpe, con los músculos en tensión, pero antes de que pueda dar un paso para rodear el escritorio y socorrer a su hija, Sandra se pone de pie con una agilidad silenciosa.—Disculpe, señora Cavalli —dice Sandra, con un tono tan sereno y dulce que parece cortar la histeria del llanto en el aire de la sala—. ¿Me permite intentarlo? A veces, un simple cambio de posición, una textura de ropa diferente o un olor nuevo ayuda a sacarlos del ciclo del berrinche inicial. Le aseguro
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