Después de que Liam se marchara de casa aquella mañana, el silencio que siguió fue bastante inusual, como si algo hubiera cambiado y se resistiera a volver a su sitio. Anna se quedó en el salón mucho tiempo después de que él se hubiera ido, sentada en el mismo sitio. Aunque tenía el móvil en la mano, acabó olvidándose de él, ya que sus pensamientos no dejaban de dar vueltas a todo lo que había oído. La forma en que hablaba, la forma en que zanjaba a su madre, la forma en que ni siquiera dudó en alejarse de ambos, ya no le parecía normal. Por primera vez en años, Anna sintió algo que antes se había negado a reconocer, algo más que frustración. No era solo que Liam hubiera cambiado, era que se estaba convirtiendo en alguien a quien ya no reconocía, y no sabía en qué situación la dejaba eso.Al principio intentó hacer caso omiso, diciéndose a sí misma que estaba pensando demasiado, que solo era el estrés del trabajo o la presión de la empresa. Pero cuanto más lo pensaba, menos convincen
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