La casa por fin había quedado en silencio tras otro largo día, pero, por alguna razón, Lora no conseguía relajarse. Estaba sentada sola en el salón con una revista médica abierta sobre el regazo, pero llevaba casi quince minutos sin pasar ni una sola página. Por mucho que intentara concentrarse, su mente no dejaba de divagar. Desde que Liam apareció ante su puerta aquella noche, la paz ya no le llegaba de forma natural. Era frustrante porque había pasado años construyendo esta vida con cuidado, años enseñándose a sí misma cómo seguir adelante sin mirar atrás. Había creado rutinas, estabilidad, seguridad. Se suponía que todo a su alrededor representaba un nuevo comienzo, lejos de la mujer que solía ser.Pero ahora sentía como si el pasado estuviera de nuevo a las puertas de su casa, negándose a marcharse.Lora se recostó lentamente contra el sofá y cerró los ojos por un momento, tratando de aliviar la tensión que le oprimía el pecho. Odiaba el efecto que Liam seguía teniendo en su men
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