Capítulo 166. Ni de broma.
Horas más tarde, cuando el sol de la tarde comenzó a caer y las luces cálidas de Nueva York tiñeron los ventanales, Leonella ingresó al gran salón de paso y se topó con una imagen que le congeló el paso, inyectándole un calor limpio directo en el pecho.Héctor estaba completamente dormido en el sofá cama de cuero oscuro, desparramado. La pequeña Leonor descansaba boca abajo sobre su pecho ancho, subiendo y bajando con el ritmo estable de su respiración ronca. Ligia dormía plácidamente atrapada en el hueco de su brazo izquierdo, protegida por su mano inmensa. Leo utilizaba el hombro derecho de su padre como almohada, manteniendo los ojos fijos en su libro de dinosaurios, mientras que Ethan estaba completamente atravesado de lado sobre las piernas del CEO, abrazando al dinosaurio sin cabeza con una fuerza tosca.Leonella permaneció estática durante cinco minutos completos, asimilando el éxito real de su vida. Sacó el teléfono personal de su bolsillo de forma rápida y tomó una fotografí
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