Puedo sentir mi corazón latiéndome en la garganta mientras David prácticamente me mete a empujones en el coche que nos espera fuera.
Cuando cierra la puerta de un portazo y rodea el vehículo para entrar por el otro lado, el silencio dentro del coche me abruma. Theo enciende el motor. David sube, Marcus también, y el coche se pone en marcha.
Los chicos empiezan a hablar de inmediato, intentando entender por qué los han dejado salir del edificio sin consecuencias, por qué ese cambio repentino de