Andruw Di´Marco.Verla acorralada contra la madera de mi escritorio, con la respiración entrecortada y con esos ojos verdes oscurecidos, fijos en mí, era la mayor prueba de autocontrol que había enfrentado en mi vida. Ni siquiera la había tocado aún y ya podía sentir su cuerpo temblar bajo la sombra del mío.— Ahora… — le susurré, disfrutando de cómo sus pupilas se dilataban con cada centímetro que acortaba entre nosotros —, cumples las cláusulas de mi contrato… Ahora te enseño lo que significa ser la esposa de un Di´Marco.Noté el segundo exacto en que tragó grueso, en que sus dedos se cerraron con aún más fuerza sobre el borde de la madera, como si el mundo se estuviera derrumbando bajo sus pies. Y de alguna manera lo hacía, su mundo de fugitiva acababa de terminar; y el mío, lleno de secretos y peligros, la estaba devorando.— ¿Sabes algo? Debiste leer el contrato que firmaste — dije, mis labios a milímetros de los suyos. Dejé que sintiera el calor de mi aliento, que temblara aún m
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