Andruw Di’Marco. Los dedos de Scarlett jugaban con el borde de la tela de mi pantalón, como si se debatiera si debía romper los límites que esta imponía. Sabrá Dios qué carajos estaba pensando esta mujer, pero causó que el sonrojo de sus mejillas aumentara aún más. Noté el movimiento sutil de su garganta cuando tragó saliva, como si se preparara mentalmente para lo que estaba por hacer.Un segundo después, con una determinación que me tomó por sorpresa, desabrochó el botón de mi pantalón. Bajó la cremallera y su mano se deslizó dentro, buscando mi erección.Su primer contacto fue tímido, inseguro. Sus dedos trazaron mi longitud por encima de la ropa interior con una suavidad casi reverencial. Pero pronto, muy pronto, sus caricias se volvieron más firmes, más seguras.Cerré los ojos, dejándome llevar por completo mientras sentía la leve presión de sus dedos y su palma sobre mi miembro. Sus caricias duraron unos minutos que se sintieron eternos, hasta que, en un acto de valentía, liberó
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