Capítulo 2: Nuestro encuentro.

Scarlett Valenti.

Si buscara en el diccionario la definición de “mala fortuna” mi fotografía aparecería seguida del concepto de “desastre”.

Porque en eso se había convertido mi vida. Un cúmulo de malas decisiones, desastres incontrolables y la mala suerte que parecía acompañarme por toda la eternidad.

Después de meter la pata de manera monumental, había tenido que hacer hasta lo imposible para no terminar siendo intercambiada por gallinas.

Mi padre me había rechazado, desconociéndome como su hija. Y mi vida no había hecho más que ir en picada.

Y ahora, que por fin un poco de luz parecía comenzar a iluminar mi oscuridad, pasaba esto.

¡¿Cómo rayos me había topado con esa loca?! ¿Qué clase de karma estaba pagando?

Me sujete de los barrotes de mi celda. Recostando la cara entre estos. Aplastando mis mejillas contra el metal frío.

— Tengo derecho a una llamada — dije, por enésima vez, al policía que no hacía más que mirarme de mala manera mientras esa mujer, la loca que había comenzado a gritarme “¡Ladrona!” en medio de la calle, no dejaba de parlotear, acusándome de quien sabe qué.

— Cuando se trata de casos como estos, el derecho a una llamada no es una opción — respondió el policía, con una sonrisa burlona que solo provoco que hiciera un puchero.

— Por favor señor policía — rogué — necesito llamar a la guardería para informar que no llegare a tiempo a buscar a mi bebé. Por favor.

El policía me observó por unos segundos, parecía estarse ablandando ante mi suplica, hasta que la voz de la urraca interrumpió.

— ¿Bebé? ¿Qué bebé? ¡No le crea señor! ¡Esta mujer es una manipuladora! ¡No tiene ningún bebé! Solo lo dice para intentar escapar…

El semblante del policía se endureció. Yo sentí un nudo comenzando a cerrarme la garganta.

— ¡Si tengo una bebé, vieja bruja! ¡Metiche! ¡usted no sabe nada de mí!

La mujer se llevó la mano al pecho, ofendida.

— Levantare cargos por ofensas — acusó — ¡aparte de ladrona, irrespetuosa!

— ¡Yo no le he robado nada! — me defendí, sintiendo que las lágrimas comenzaban a acumularse en mis ojos.

— Pero a mi si — escuche de pronto una voz masculina, profunda y desgraciadamente familiar.

Mi corazón comenzó a latir desenfrenado, como si reconociera la presencia de este hombre antes de siquiera mirarlo.

Levante la mirada, impulsada por un instinto primitivo. Mis ojos se encontraron de inmediato con unos ojos grises que aún me atormentaban en sueños.

— Oh por Dios — las palabras escaparon de mis labios en un jadeo.

«No. No. No. ¿Qué hace él aquí?»

Mi agarre sobre los barrotes se aflojó. Sentí como las manos comenzaban a sudarme. Mi corazón parecía querer escapar de mi pecho. Trague grueso mientras Andruw mantenía sus ojos fijos sobre mí.

— ¡Lo ha reconocido! ¿ya recuerdas, pequeña ladrona? ¡Te metiste con el hombre equivocado! — seguía gritando la mujer, que ahora recordaba muy bien: Alicia.

Quería llorar. Sabía que si este hombre se había propuesto arruinarme la vida lo haría. Tenía el poder suficiente para lograrlo.

— No levantare cargos — informó Andruw, con esa arrogancia que solo a un hombre como él se le vería tan bien. Sus ojos grises dejaron de observarme para dirigirse hacia el policía — lo único que pido como compensación es que, haga horas comunitarias en mi clínica. Eso será suficiente para saldar su deuda.

— Pero señor Di´Marco… — intentó intervenir la urraca. Andruw no la dejo, haciéndola callar con un simple gesto de la mano.

— ¿Tiene algún lugar donde pueda hablar con ella? En privado — trague grueso, sintiendo de nuevo esa mirada intensa clavarse en mí.

— Por supuesto, Dr. Di´Marco. La sala de interrogaciones le servirá.

— Bien. Llévela allí — ordenó. Dando media vuelta y desapareciendo del área de las celdas.

— ¡No! ¡Yo no quiero ir con ese hombre! — grite, cuando el policía abrió la celda e intento sacarme, me sujete a los barrotes como si mi vida dependiera de ello — déjeme aquí en la celda. ¡Ya no quiero salir! ¡Déjeme aquí!

El policía me sujeto de la cintura, jalándome con fuerza mientras que uno de sus compañeros, que no sé de donde rayos salió, se encargaba de obligarme a abrir los dedos y a soltar los barrotes.

— ¡Por favor! ¡Usted no sabe de lo que ese hombre es capaz! ¡Déjeme ir! ¡Por favor! — intente protestar, mientras el policía me llevaba sobre su hombro como a un saco de patatas — ¡Usted será el culpable de mi muerte! ¡Me tendrá en su consciencia!

Mis protestas fueron en vano. El policía no me soltó hasta estuvimos en la sala de interrogaciones. Donde apenas me dejo sobre mis pies cerró la puerta, dejándome encerrada.

— ¡Déjenme salir! — pedí, dándole golpecitos a la puerta con los puños cerrados.

— Bienvenida, Scarlett, cuanto tiempo — su voz tranquila, profunda y perturbadora me erizó la piel.

Mi corazón pareció olvidar como latir de manera adecuada. Trague saliva, apreté los puños y finalmente me gire para enfrentarlo.

Ahí, como un demonio sacado de las tinieblas estaba él: recostado de una esquina, brazos cruzados, un pie apoyado sobre la pared. Tan endemoniadamente sexy, tan perfecto que parecía irreal.

— Andruw — su nombre escapo de mis labios en un suspiro.

— Por fin nos volvemos a encontrar. Estrellita — dijo, con esa sonrisa ladina que gritaba peligro. Y cuando sus ojos se encontraron nuevamente con los míos supe que estaba perdida.

Me mantuve allí junto a la puerta, sintiendo que estaba al borde de sufrir un infarto. De pronto Andruw corto la distancia entre nosotros, acorralándome contra el metal. Incline ligeramente la cabeza hacia atrás para poder mirarlo a los ojos, había olvidado lo algo que era.

— Eres bastante difícil de encontrar — apoyo su brazo izquierdo contra la puerta, mientras su mano derecha se alzó hasta que su pulgar acaricio mi labio inferior, haciéndome temblar, él esbozó una sonrisa arrogante.

— ¿Por qué me ha traído a este lugar? ¡Yo no le he robado absolutamente nada!

— ¿Segura? — se inclinó un poco más hacia mí, su respiración mezclándose con la mía, mientras su dedo seguía jugando con mi boca — yo creo que me robaste muchas cosas, en realidad… así que es tu palabra contra la mia… así que te conviene colaborar…

Tuve la sensación de que iba a besarme, incluso cerré los ojos durante unos segundos esperando el contacto que nunca llego, cuando los abrí note que se había alejado.

— Mañana a primera hora te quiero en mi mansión. Comenzaras a trabajar para mí — ordenó, acomodándose las mangas de su camisa con esa aura de superioridad que parecía caracterizarlo — más vale que asistas. Al salir de aquí le pediré tu archivo a la policía, sabré donde vives, a que te dedicas y hasta la frecuencia con la que respiras. No te arriesgues a que te arruine la vida, Scarlett. Porque de una u otra forma me asegurare de que termines en mis manos.

— ¿Por qué hace todo esto? — pregunte. Apretando los puños, sintiendo la impotencia invadirme.

Andruw me observó por lo que pareció una eternidad antes de responder.

— Eso es algo que no te compete saber — abrí la boca, indignada por su respuesta — solo te diré que obtengo lo que quiero cuando y como lo quiero y tú no vas a hacer la excepción. Tienes una deuda pendiente conmigo y llego la hora de pagarla.

Una vez más se acercó, tomándome de la barbilla y mirándome a los ojos.

— Este trato de conviene más a ti que a mí. Así que no me falles, Scarlett.

Se alejó, esta vez dirigiéndose hacia la puerta.

— Te espero mañana a primera hora. No llegues tarde estrellita o de lo contrario tendrás que lidiar con las consecuencias.

Me guiño el ojo de manera descarada y abandono la sala de interrogatorios de la misma manera en que había apareció.

Permanecí inmóvil, escuchando el eco de sus pasos alejarse. Y en el silencio que dejó, tuve la certeza aterradora de que esta sería una condena de la cual no podría escapar.

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