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Capítulo 5: El peso de los sentimientos.

Andruw Di´Marco. (minutos antes de su encuentro con Scarlett)

Ni siquiera las guardias nocturnas en mis días de estudiantes habían sido tan jodidas como la noche que acaba de pasar.

No había logrado pegar el ojo en toda la noche. Lo único en lo que podía pensar era en el momento en que tuviera a Liam entre mis brazos.

«Mi hijo»

Esas dos simples palabras hicieron eco en mi cabeza, poseedoras de un peso que ni siquiera el más importante de los legados podía igualar.

No podía creer que Scarlett me ocultara que llevaba a mi hijo en su vientre. No podía dejar de pensar en todos esos meses en los que no había estado cerca, en todo lo que pude haberme perdido de no haberlos encontrado. Me sentía impotente, porque esta era una prueba tangible de que, a veces, ni todo el dinero del mundo era suficiente para desafiar al destino.

— La chica ya ha llegado, señor — informó Nana Muffin, usando ese tono áspero que solo empleaba cuando estaba molesta conmigo.

— ¿Trajo al niño? — pregunte, ignorando su enojo, ya no era el niño que podía manipular con ese truco barato y tenía que saber que, esta vez, ni siquiera ella podría hacerme cambiar mis planes.

— Por supuesto. ¿Qué más iba a hacer si provocaste que lo rechazaran de la guardería? — respiré profundo ante su comentario ácido, pero no dije nada al respecto.

La vi retroceder un paso cuando me puse de pie de un solo salto. Corte la distancia entre nosotros con ese andar amenazante que últimamente parecía ser parte permanente de mí. La mire fijamente a los ojos por unos segundos, en los que ella esperaba alguna reprimenda de mi parte.

— Ordénale que me vea en el despacho en 15 minutos — pedí. Nana Muffin apretó los labios, como si contuviera las ganas de reprenderme, finalmente asintió y abandono la habitación.

Me apresure en lavarme la cara antes de seguir sus pasos. Sabía que ella no iría con Scarlett de inmediato. Intentaría dilatar nuestro encuentro lo más que fuera posible. Conocía lo suficientemente bien a esa vieja mañosa como para intuirlo.

Espere unos minutos antes de bajar. El tiempo suficiente para que Scarlett se instalara.

Dirigí mis pasos hacia la sala principal y cuando escuché las carcajadas infantiles mi corazón dio un vuelco, pero no era ese doloroso típico del miedo. ¡Claro que no! Era diferente. Una emoción indescriptible que comenzaba a invadir mi pecho con la velocidad de un incendio que era alimentado por litros de gasolina.

No invadí su espacio de inmediato. Me mantuve de pie en el umbral de la entrada que conectaba la sala de estar con el pasillo. Scarlett estaba tan concentrada en vigilar de Liam que ni siquiera noto mi presencia entre las sombras.

No pude evitar sonreír cuando vi como ella le lanzaba besos y el bebé respondía emocionado. Esa sensación calidez dentro de mí se expandió aún más de lo que creí era posible.

Liam era mucho más hermoso en persona de lo que era en la fotografía. Era un bebé regordete y risueño, y solo una mirada me basto para saber que estaba perdido, ese niño acababa de robarme el corazón de manera irremediable.

Vi de reojo como la señora Muffin ingresaba y provocaba que Scarlett diera un respingo en su lugar, realmente no les preste atención ya que mis ojos parecían rehusarse a apartarse de la pequeña criatura que ahora gateaba hacia mí.

Su gateo era torpe, típico de un bebé que apenas esta comenzando a tener conocimiento de sí mismo, pero aun así verlo realizar algo tan simple me lleno de un orgullo que jamás creí llegar a sentir. Debo admitir que me sorprendió que el niño notara mi presencia cuando nadie más lo había hecho.

Cuando llego a mis pies, me incline para levantarlo. Mis manos temblaban por la emoción apenas contenida, y por supuesto, un poco de los nervios que sentía, había levantado a un millón de bebés en la clínica, pero ninguno de esos era mi hijo, una parte perfecta de mí que desde hace mucho tiempo creí jamás podría tener.

Apenas lo levante a la altura de mi cara Liam imito lo que su madre hacía hace un momento por él: lanzarle besos. Y nunca pensé que un beso torpe y lleno de baba podría hacer que mi corazón se derritiera de la forma en que lo hizo.

— Hola pequeño campeón — por instinto, uno que me superaba a mí mismo, lo acuné contra mi pecho. Liam se recostó sobre mi piel como si esto fuera algo que acostumbrábamos a hacer — papi está aquí, pequeño. Papi está aquí.

Fue inevitable que las lágrimas cayeran aun contra mi voluntad. Liam era un sueño hecho realidad, uno que ya no creía posible y ahora veía materializarse entre mis brazos.

Me tome un segundo para recostar la mejilla de su cabecita, cerrando los ojos, permitiéndome disfrutar del momento, grabándolo en mi memoria.

— ¡Liam! — el llamado de Scarlett me devolvió a la realidad. Por un segundo creí que se había percatado de mi presencia, que vendría a arrebatarme a nuestro hijo de los brazos.

«Nuestro»

No podía creer que esa palabra se sintiera tan extraña. Tan irreal, pero cuando la vi palidecer y llorar por no encontrar a nuestro bebé supe que ella lo amaba más de lo que yo podría llegar a imaginar y que, a pesar de las circunstancias que nos habían llevado a concebirlo, no podría haberle pedido al universo una mejor madre para mi hijo.

Reconstruyendo la máscara de frialdad, esa que hace mucho parecía haberse arraigado a mi piel, corte la distancia entre nosotros. Ella ni siquiera noto cuando lo hice, hasta que hablé:

— ¿Buscas algo? — le pregunté. Ella levanto la mirada de inmediato y en sus ojos verdes solo pude ver el horror de quien se sabe descubierta.

El juego de las verdades estaba a punto de comenzar y yo, encantado, iba a probar hasta donde era capaz de llegar por salvaguardar sus secretos. Secretos que yo estaba más que dispuesto a desenterrar, o dejaba de llamarme Andruw Di´Marco.

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