Valeria se despertó antes del amanecer. Eran las 5:50 a.m. La casa estaba en completo silencio, salvo por el lejano rumor del mar. Hoy era el día. El capítulo 80. El cierre definitivo de la historia que casi los destruye.Se levantó sin hacer ruido, se puso una bata ligera y bajó a la terraza. El cielo comenzaba a teñirse de rosa y naranja. Se sentó frente al mar, con una taza de café entre las manos, y dejó que todos los recuerdos pasaran por su mente como una película acelerada: el primer mensaje anónimo, la llegada de Lucas, las amenazas de Rafael, la traición de sus padres, las noches de llanto, las reconciliaciones apasionadas con Diego, las risas de los niños… Todo había convergido hasta este momento.Diego apareció poco después, descalzo y con el torso desnudo. Se sentó a su lado y la abrazó por los hombros.— ¿Nerviosa? — preguntó en voz baja.— Un poco — admitió ella—. Es el final. Después de todo lo que vivimos, hoy cerramos el libro.— Entonces hagámoslo bien — dijo él, bes
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