Valeria se despertó con una sensación extraña: paz. Por primera vez en meses, no había mensajes amenazantes, no había paquetes negros, no había sirenas ni periodistas en la puerta. Solo el sonido suave del mar del Malecón entrando por la ventana entreabierta.Diego dormía a su lado, con el brazo rodeando su cintura. Su respiración era tranquila, profunda. Ella se quedó mirándolo unos segundos, agradeciendo en silencio que estuvieran allí, vivos, juntos.Se levantó con cuidado, se puso una bata ligera y bajó a la terraza. El sol ya estaba alto, iluminando el jardín donde los niños habían jugado el día anterior. Lucas, Mateo y Emma seguían durmiendo, agotados después de todo lo vivido.Valeria respiró el aire salado y cerró los ojos. Habían sobrevivido. La extorsión, las mentiras, el escándalo, la traición de sus padres… todo eso ya era parte del pasado. Rafael estaba en la cárcel. El juez había cerrado el caso. Lucas era oficialmente su hijo, aunque la sangre dijera otra cosa.Escuchó
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