Aurelia regresó a su habitación para vestirse para el trabajo, eso le serviría de buena distracción. Rebuscó en su armario, seleccionando un blazer ajustado y una falda lápiz que abrazaba sus curvas, la tela un contraste marcado con la bata que había llevado antes. Abotonándose la blusa, evitó mirar las débiles marcas en su cuello en el espejo, recordatorios del chupetón de Ronan.Pronto terminó, agarró su bolso y bajó las escaleras. La casa se sentía vacía, con ecos rebotando contra las paredes. Miró el jardín a través de las puertas de vidrio, escaneando los caminos cuidados y las rosas en flor, pero su madre no estaba allí. Ni hombros encorvados, ni mirada furiosa. Solo el sol de la mañana filtrándose entre las hojas. El estómago de Aurelia se apretó más. ¿Dónde está? Sacudiéndolo, se dirigió al garaje, deslizándose en el deportivo de su madre. El motor rugió al encenderse, un gruñido elegante que coincidía con su pulso acelerado. Salió derrapando del camino de entrada, los neumáti
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