Aurelia estaba sentada en su escritorio en el decimoquinto piso de Innovatech, tecleando con ritmo constante mientras terminaba un informe de depuración. La oficina bullía con la energía habitual de la tarde: los compañeros comentaban en voz baja las fechas límite, se oía el suave clic de los ratones y alguna que otra carcajada proveniente de la sala de descanso. Miró el reloj. Las cuatro y media. Ya casi era hora de terminar por hoy.Guardó su trabajo, apagó el ordenador y cogió su bolso. De camino al ascensor, sacó el móvil y marcó el número de Mira.«Hola, chica», contestó Mira al segundo timbrazo, con voz alegre.«He terminado por hoy», dijo Aurelia, entrando en el ascensor. «Voy a casa de Ronan a preguntar por mamá. ¿Sigues en el hotel?».«De hecho, voy contigo», respondió Mira sin dudarlo. Necesito ver a Kai. Me ha estado ignorando desde aquella noche y no voy a dejar que eso pase. Quiero hablar con él cara a cara.Aurelia sonrió cuando las puertas del ascensor se abrieron al es
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