Mientras Valéria presentaba a Mariana al nuevo equipo, lejos de Mato Grosso, en São Paulo, Fernando llegaba a la oficina.Era temprano, pero sus pensamientos estaban en Natália. La imagen de ella en la reunión junto a Ricardo, apartando la mirada de él como si temiera mirarlo a los ojos, le carcomía de una manera que le hacía enfadarse consigo mismo.Al pasar por el departamento administrativo, hizo un leve gesto a Patricia, la secretaria, y entró en la oficina sin decir nada más.Pocos segundos después, Adriano entró con una carpeta en la mano.—Señor Fernando, buenos días. Le traigo los contratos de inversión con el Grupo Mendonça y Apex Global que me pidió que revisara.Fernando levantó la vista lentamente. Su mirada era dura, concentrada… y, al mismo tiempo, perdida.—De acuerdo. Déjelos en mi mesa —dijo. La voz, más áspera de lo habitual.Adriano dudó un instante, al percibir algo fuera de lo normal.—¿Algo más, señor?Fernando respiró hondo, pero no levantó la cabeza.— No. Píd
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