Cristina estaba sentada en el sofá, con un portátil en el regazo, revisando documentos cuando oyó que se abría la puerta. Natália entró despacio, con una expresión menos tensa, pero aún profundamente cansada.
Cristina se levantó de inmediato.
—Nat… gracias a Dios. ¡Me había preocupado! Habías desaparecido. No contestabas el móvil.
Natalia dejó el bolso en el sillón y esbozó una débil sonrisa.
— Lo siento. Necesitaba… respirar.
Cristina se acercó con cuidado, al notar esa mirada diferente.
— ¿Dó