Mis piernas no dejaban de temblar, un ritmo errático que parecía sincronizarse con el latido desbocado de mi corazón. Me pregunté, por milésima vez, si lo que estaba haciendo era una locura suicida. Y la respuesta, fría y punzante como un hielo en la nuca, era que sí. Lo era. Pero cuando tienes el alma reducida a cenizas, las locuras dejan de parecer incendios para convertirse en refugios.Después de años de una espera que ahora me parecía absurda, de haber custodiado mi virginidad como el tesoro más sagrado de un templo dedicado al hombre equivocado, la realidad me había golpeado con la fuerza de un naufragio. Jack, el hombre que juró amarme frente a todos, decidió que su despertar sexual no me pertenecía a mí, sino a su "mejor amiga". Decidió traicionar me antes de llegar al altar , con un vestido blanco burlándose de mi ingenuidad y el velo asfixiando mis sueños.Contratar a un extraño no fue mi primera opción, pero estaba agotada. Agotada de ser la "chica buena", la mujer perfecta
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