—¿Ariel? —La voz de la mujer sonaba amortiguada y distante, como si estuviera siendo filtrada a través de una gruesa capa de agua—. Ariel, ¿qué pasó?La voz se hizo ligeramente más fuerte, pero seguía sonando como si viniera desde debajo de la superficie de un estanque estancado.La voz destilaba preocupación, un amor que ella siempre había anhelado, y más lágrimas rodaron por sus ojos.—¿Qué sucede? ¿Viste a tu loba? —La mujer sostuvo sus manos, apretándolas ocasionalmente, pero Ariel negó con la cabeza. Las palabras estaban atrapadas en su garganta como un bocado de comida que se negaba a bajar.—¿Disculpe? —sollozó con voz ronca, quebrándose por la emoción, antes de salir corriendo de la habitación.Las lágrimas corrían por su rostro, nublando su visión, pero no necesitaba ver para saber a dónde iba. Sus instintos la guiaron hasta alcanzar la seguridad de su puerta.—Señorita Ariel, ya volvió —escuchó decir al guardaespaldas, pero ella lo apartó de un empujón, abrió la puerta brusc
Leer más